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La industria de Pájaro bobo

política

Del oasis a la charca ponzoñosa

Las últimas actuaciones y declaraciones de los políticos catalanes, atrapados en la maraña del Estatuto, han puesto de manifiesto que, si Cataluña fue alguna vez un oasis, ahora es una charca ponzoñosa. Agotado el recurso del enemigo exterior, sus dirigentes han tenido que hacer frente a su realidad, una realidad ciertamente desoladora. «Todo ese esfuerzo --ha venido a decir el ex, nunca honorable, Maragall-- no ha merecido la pena, pues el Estatuto no es prácticamennte nada». ¿Para eso tanta conjura, tanta intriga, tanta traición, tanta amenaza? No hace mucho, ese mismo Maragall, incapaz de contenerse por más tiempo, decía más o menos: «Cataluña tiene una Constitución [no un Estatuto]. Ahora sí que es una nación». En opinión de Pájaro bobo, lo peor de todo ello es que, como en el caso de Vascongadas, ahí no hay nada delictivo; ni siquiera como fraude político, ni siquiera como malversación de fondos públicos, ni siquiera como deslealtad a la Constitución española y al pueblo español, ni siquiera como comportamiento antisocial.
Pregunta ingenua e intempestiva: ¿no se debería, al menos, ingresar a Pasqual Maragall en un centro para dementes y impedir así que mañana o pasado mañana nos monte otra trifulca estatutaria y después venga diciendo que no ha pasado nada?

Ciudadanos, partido en alza

Varios referentes con valor informativo nos dicen que el partido de los Ciudadanos está en alza. Uno de ellos es el trato que sus muchachos reciben de los integrantes del establishment político catalán. No quieren verlos ni en pintura. Ni en pintura ni, mucho menos, en televisión. Los han vetado. Por lo visto, los brokers del parqué parlamentario no han aprendido. Pujol ben Gurión ya ha lanzado su aviso. Ojo a la charnegada. Los que más van a sufrir son, a buen seguro, los maragallianos, los amontillados y los de la picadura en la espalda. La primera vez quisieron boicotearlos y les salió el tiro por la culata. Ahora, en la segunda vez, los integrantes del establishment se empeñan en repetir la estrategia. En cualquier caso, puedo decir que los jóvenes no se duermen y no son precisamente tontos.
Pregunta ingenua e intempestiva: ¿cónseguirán nuestros jóvenes y avispados ciudadanos romper el cerco mediático montado por los agentes del establishment?

De las fronteras al control de aduana

Un repaso de la prensa, a vista de pájaro y de gusano, nos permite comprender que el terrorismo de origen islámico es la primera preocupación de los políticos y, por obra de sus agentes y corresponsales, de la sociedad civil, de todas las sociedades civiles de Occidente. Democracia, bienestar, paz y progreso corren peligro, peligro grave. Ahí están las dos grandes derrotas/victorias de Afganistán e Irak. Por lo pronto, se ha venido abajo el mito de Israel: invencible en la guerra y en la paz. Ahora, obligado a bunkerizarse, el afortunado país de la leche y la miel practica la táctica del erizo y la avispa. O del galápago y la mosca cojonera. Posee capacidad para defenderse de sus enemigos (sólo tiene uno: todos los países árabo-musulmanes) y dañar sus instalaciones militares, no para aniquilar a aquél y destruir éstas. Erizo y avispa, galápago y mosca de oasis, Israel es hoy un islote bunkerizado. Alcatraz con palomas y halcones.
La frontera no está ni en el Líbano ni en Chipre ni en la Sublime Puerta constantinopolitana; para nuestra desgracia, ni siquiera en Viena, histórica puerta de Europa. Ahora ya no hay fronteras. Han desaparecido. Dejando al margen muros y alambradas que se reducen a disparatados intentos de poner coto al desierto, ya sólo queda el control de aduana. Hasta que lo arrasen las sucesivas riadas de inmigrantes. Las cabezas pensantes, bienpesantes de Occidente deben plantearse el problema ex novo, ex nihilo. Israel se ha equivocado; o se ha equivado o nos ha engañado a todos, empezando por Estados Unidos. O las dos cosas juntas y a la vez. Es posible que a la superpotencia la encerrona de Afanistán e Irak, una y la misma, le sirva y le aproveche para vender armas, pero es una encerrona. Ahí estamos. Atrapados, sin saber qué hacer. El filósofo nos enseñó que sólo lo real es racional.
Pregunta ingenua e intempestiva: ¿qué tenemos que hacer los europeos para que ahora sólo lo racional sea real?

Parcelación versus soberanía nacional

En opinión de Pájaro bobo, la parcelación de España llevada a cabo con la implantación de las Autonomías es intrínsecamente contraria al principio fundamental de nuestra Constitución, pues arrebata de facto la soberanía nacional al pueblo español, toda vez que, mediante dicha medida, éste deja de existir como sujeto único, absoluto e insustituible de la soberanía nacional. En otras palabras: como no hay nación, ni hay ni puede haber sujeto de la soberanía nacional. Si un día las diecisiete Comunidades Autónomas deciden declararse independientes —supuesto muchísimo más probable que su contrario—, nos encontraremos con que se ha producido la desintegración de España sin haberlo decidido el pueblo español.
De acuerdo con los principios de la soberanía nacional y de la democracia, tal como los entiende Pájaro bobo, una parte del territorio y de la población de la nación no puede decidir nunca por sí misma y por sí sola el destino de esa parte del territorio y de la población de la nación y, lógicamente, mucho menos el destino de todo el territorio y de toda la población de la nación. De acuerdo con el espíritu de nuestra Constitución, el destino de una parte del territorio y de la población de la nación es parte integrante, esencial e inseparable, del destino del territorio y de la población de toda la nación.
De acuerdo con Hegel, padre de todas las ideologías modernas de izquierdas y de derechas, una nación es una unidad de destino.
Cuatro preguntas ingenuas e intempestivas
¿De qué sirve que la Constitución diga que la soberanía nacional reside en el pueblo español si después se le hurta esa soberanía mediante un fraude o, más exactamente, mediante una cadena de fraudes?
¿Son constitucionales las elecciones que se celebran por separado en las diferentes Autonomías?
¿Pueden ser legítimas, democráticas y constitucionales las elecciones que afectan a todos los españoles y en las que no intervienen todos los españoles?
¿Pueden ser legítimas, democráticas y constitucionales las elecciones que afectan a todos los españoles y son manipuladas por quienes no se sienten españoles mediante la implantación de estados de terror (Vascongadas) y/o de situaciones de opresión y marginación (Cataluña)?

Por una izquierda fuerte para una España unida

Cualquiera que sea la posición ideológica que se adopte ante la escena histórica y concretamente ante sus últimos actos, parece lícito afirmar que durante el siglo XX el socialismo siguió una derrota, entendida aquí y ahora como curso o deriva, que afectó profundamente tanto a su esencia como a su existencia, toda vez que estuvo lastrada por la pérdida progresiva de sus referentes ideológicos, su programa de acción y sus señas de identidad.
Esa derrota, prolongada hasta el día de hoy y circunscrita al ámbito español, nos sitúa ante un panorama tan desolador como preocupante no sólo para la continuidad del socialismo —ideología y práctica político-social— sino también, y de manera especial, para el equilibrio de nuestra sociedad, la convivencia pacífica de sus ciudadanos y, como síntesis de todo ello, el ser y el existir de esta querida patria llamada España.
Dejo a un lado el fenómeno histórico —desnaturalización, transformación o aggiornamento del socialismopues considero que ahora, y esto es algo que todos deberíamos entender y tener presente, sólo son válidas aquellas aportaciones que ayudan a solucionar correctamente el problema o, lo que es igual, a salvar la democracia percibida como expresión unívoca e inequívoca de la voluntad del pueblo español.
Por eso, si en las páginas de un texto tan breve como actual Norberto Bobbio enlaza conceptos como democracia, justicia, igualdad y libertad, yo, identificado con su planteamiento, me permito añadir a esa secuencia, a modo de remate y síntesis, el concepto de unión, que está en la base del progreso de las sociedades modernas y, al mismo tiempo, forma parte del núcleo óntico y ontológico del socialismo: de ahí recibe éste una parte de su legitimidad ética y de ahí emana tanto su idea primera en cuanto doctrina y programa de acción como su idea última o utopía. En definitiva, la unión puede contemplarse como expresión práctica de esa sociabilidad que Aristóteles define como característica esencial del ser humano. Sin unión no hay sociedad y sin unión no hay socialismo.
A partir de ahí podemos afirmar, primero —con permiso del maestro—, que sólo lo social es real y, segundo —por nuestra cuenta y riesgo— , que sólo lo social es democrático.
Normalmente se considera que para que haya democracia es imprescindible que los miembros de la sociedad beneficiaria posean la madurez debida, pues si una sociedad en su conjunto no respeta las leyes y su clase dirigente se entrega impunemente al saqueo de las arcas públicas a través de las diversas formas de corrupción, no es posible —¡ni aconsejable!— instaurar un régimen mínimamente democrático.
Junto a esa condición hay otra, que, aunque no suele aducirse con tanta frecuencia, en mi opinión es igualmente imprescindible y además debe darse con anterioridad. De hecho, para que en una sociedad los ciudadanos convivan pacíficamente y esa convivencia persista en el tiempo es necesario en primer lugar que éstos —todos ellos o, al menos, la mayoría— tengan el mismo universo nacional, pues de ahí emana ese sentimiento de pertenencia (Zusammengehörigkeitsgefühl), llamado tradicionalmente patriotismo, que garantiza no sólo el respeto a la letra de la ley sino también y sobre todo la lealtad a su espíritu, sin reservas mentales siempre dolosas ni concesiones tácticas indefectiblemente emponzoñadas.
Hoy, a diferencia de un ayer que podemos situar en los años treinta del siglo pasado, en el conjunto de España se dan esas dos condiciones —espíritu cívico y conciencia nacional—, a pesar de salvedades no por minoritarias menos lacerantes.
En rigor, las estructuras políticas que no responden a la realidad social contemplada como un todo no son democráticas. Y, evidentemente, lo serán aún menos si recurren a la parcelación cercenadora del espacio geográfico propio de una sociedad entendida como un organismo vivo y completo y a la implantación de minidictaduras por vía de los hechos consumados, el asesinato, la intriga y la usurpación/negación de los derechos cívicos a aquella parte de la población que se opone a tales proyectos y procedimientos. En este caso concreto, dividir, sea cual fuere la vía que se siga, es, entre otras muchas cosas, un signo de perfidia, ¡no de inteligencia!, pues, de acuerdo con la experiencia vivida, lleva indefectiblemente al empobrecimiento y la destrucción de divididos y divisores.
Está claro que en un régimen de libertades las actitudes insolidarias y/o disgregadoras tienen derecho a existir y manifiestarse —¿incluso a ocultar lo que son y lo que pretenden?—, pero también debe estarlo que, aunque sólo sea por minoritarias, esas actitudes no tienen derecho ni a sumir en el caos a toda una sociedad ni a arrastrar a sus miembros a un enfrentamiento fratricida.
Justamente ahí es donde deben hacer acto de presencia los partidos de implantación nacional. A mi modo de ver, la tarea más apremiante del Partido Socialista y el Partido Popular en estos momentos es reforzar el ordenamiento constitucional de acuerdo con una concepción integral, unitaria y, por qué no, patriótica. El momento exige de sus líderes que prescindan de las ideologías respectivas y adopten la perspectiva que caracteriza a los hombres de Estado.
Aunque entre nosotros se predicó durante mucho tiempo que el patriotismo era sólo uno de los soportes ideológicos de la derecha, yo quiero creer —¡ingenuamente! — que, además de ése, existe un patriotismo popular abiertamente supraideológico y por lo tanto integrador. Y ése es el patriotismo —lo llamemos o no lo llamemos constitucional— que debemos invocar ahora para fortalecer la convivencia de los españoles, la cohesión de la sociedad y la vigencia de la Constitución. En definitiva, y esto es lo más importante, se trata de recuperar nuestra identidad y la conciencia de nuestra identidad.
En este contexto considero que el Partido Socialista hará bien en recordar su idea matriz —el análisis crítico de la realidad y la visión utópica del futuro—, aunque sólo sea para recuperar el concepto de unión que articuló su trayectoria histórica y presidió, como lema y consigna, su intervención activa y directa en los acontecimientos más decisivos de la historia universal y la historia de España a lo largo de los siglos XIX y XX, pues sólo una sociedad unida puede llegar a ser justa o, más exactamente, menos injusta que las precedenes. Mientras tanto, la unión seguirá siendo el missing link de un socialismo que hace tiempo dejó de ser socialista.
Aun así, en estos momentos el Partido Socialista, en cuanto depositario del destino de los españoles, es absolutamente esencial para el mantenimiento de la convivencia, la cohesión social y, en una palabra, de la democracia en España. Pero esa tarea exige a su vez un partido sólido, con señas de identidad perfectamente reconocibles y reconocidas y, por encima de todo, con un programa elaborado de acuerdo con un concepto orgánico y, como mínimo, respetuoso con sus líneas de fuerza históricas.
Por eso, prescindiendo del resultado de las elecciones, es más que probable que, tarde o temprano, el Partido Socialista tendrá que proceder a una reestructuración profunda, acaso la más profunda de su historia, si quiere seguir siendo el partido de gran parte de la población española y responder a las exigencias que le formule la sociedad en el futuro.
Ya ahora me permito recomendar a sus responsables que, además de recuperar, dentro de lo posible, sus señas de identidad, se deshagan de sus aliados desleales, aliados que nunca fueron socialistas, aliados que maquinan constantemente proyectos para convertir España en un montón de escombros, aliados que llevan décadas aplicando en sus relaciones con sus socios el principio de fronteras unilaterales y unidireccionales, eje central del federalismo asimétrico y la soberanía compartida, aliados que predican y practican la desunión y el enfrentamiento, aliados que niegan el pan y la sal a los obreros residentes en Cataluña y luego trafican con sus votos, aliados cuyos actos de perfidia y deslealtad en los próximos meses —me lo dice el corazón— dejarán atónitos a todos los españoles.
Es una monstruosidad tan indignante como incomprensible que los separatistas, una minoría que no llega al siete por ciento de la población, se impongan a cuarenta millones mediante el crimen y la intriga.
Eso me lleva a afirmar que nuestra democracia no es real y sólo lo será cuando el destino de España y los españoles esté en manos españolas y las estructuras políticas sean reflejo fiel (Spiegelbild) de su realidad social. Hoy por hoy, dentro de nuestras fronteras el separatismo es la excepción; nuestro derecho/obligación es asignarle el peso que le corresponde en términos numéricos.
Mi deseo ferviente es que realidades como España y su unidad estén siempre por encima de todas las ideologías, empezando, cómo no, por la mía, y que el Partido Socialista sea realmente fiel a sus principios y esté a la altura de las circunstancias en estos momentos en los que, parafraseando unas conocidas palabras de Martin Heidegger, tengo que decir por enésima vez que a España «le va el ser en el ser».

Texto publicado por primera vez el viernes, 2 de abril de 2004, en el diario ABC; Tribuna, página 58.

Esquerra Republicana y el mal del fenicio

Esquerra Republicana sigue adelante con su bronca, la intriga permanente, arropada desde atrás por quienes, llegado el momento, le arrebatarían/arrebatarán la batuta, el poder y la autoridad. La liebre hace su trabajo, abre camino, siempre a punto de ocultarse, siempre a punto de salir a campo abierto, nunca dispuesta a renunciar a lo que es. Los demás lo saben. Ella también. Los demás quieren utilizar a la liebre y la liebre quiere utilizar a los demás. Estamos, seguimos estando entre fenicios. Cada fenicio es una liebre y cada liebre es un lince. Liebre o lince, el fenicio es siempre fenicio.
Pregunta ingenua e intempestiva: ¿acaso alguien va a decirme que no existe ni solución ni curación para el mal del fenicio?

Relación contra natura

En la página 10 del diario ABC, en su edición del domingo, 18 de febrero de 2007, Carmen Iglesias, historiadora y académica, dice textualmente:

«No comprendo la relación de la izquierda con los nacionalismos»

A Pájaro bobo se le ocurren varias ideas que ofrece a modo de sugerencias sin ánimo de lucro.
Primero. Entender es entender, estar de acuerdo es estar de acuerdo, aceptar es aceptar. En su opinión, la realidad en cuanto tal debe aceptarse, se entienda o no se entienda, se esté de acuerdo con ella o no se esté de acuerdo con ella. Al menos, en un primer momento, al menos hasta cierto punto, al menos como punto de partida.
Segundo. De la misma manera que hay parejas de hecho hay relaciones de hecho. Y, siempre en su opinión, si la relación sexual de un ser humano y un animal es una relación contra natura (al menos para algunas personas), también lo es, al menos para algunos españoles, la relación ideológica, política y/o social de un partido de izquiedas con un partido de derechas y, más aún, si ese segundo partido es en realidad un movimiento burgués separatista y, como tal, se opone tanto a la izquierda española como al conjunto de España. Aquí tenemos, pues, una relación contra natura y, en suma, doblemente desleal.
Cuarto. Como ya ha dicho Pájaro bobo en varias ocasiones, la relación de la izquierda española con los separatismos es, de acuerdo con su manera de ver y entender todo lo relacionado con España, una relación contra natura de cintura para arriba y de cintura para abajo. Y, como tal, esa relación sólo puede alumbrar monstruos.
Pregunta ingenua e intempestiva: ¿cuántos meses habrá que esperar para verlo, comprobarlo y lamentarlo?

Pájaro bobo se acuerda nuevamente del sargento de Plasencia. (Véase "Profesor Blawinsky. El Mago de Plasencia»).

Lendakari, Lendakari, ¿de qué lado estás?

El Lendakari ha dicho textualmente refiriéndose a ETA: «La lucha armada es un error».
Y Pájaro bobo comenta:
Primero. Eso a lo que el Lendakari llama «lucha armada» no es lucha armada, es terrorismo.
Segundo. El terrorismo no es un error; es un delito o, más exactamente, una cadena de delitos en la que abundan los crímenes.
Tercero. Los eufemismos del Lendakari son fraudes semánticos y en este caso los fraudes semánticos son fraudes de ley. Un violento es un violento, sea o no sea criminal, y un criminal es un criminal, sea o no sea violento.
Cuarto. Al definir delitos de sangre como errores, el Lendakari pretende legitimar no sólo las acciones de ETA y los etarras sino también su propio comportamiento como amigo, encubridor y valedor de ETA y los etarras, ya que, mediante esa argucia, pasa a ser amigo, encubridor y valedor de personas erradas pero honradas, no de delincuentes y criminales.
Quinto. Como el cumplimiento de la ley empieza por llamar a las cosas por su nombre, debemos empezar por decir que los amigos, encubridores y valedores de ETA y los etarras son cómplices de sus delitos, incluidos extorsiones y crímenes.
Pregunta ingenua e intempestiva: ¿no hay que llevar también ante los tribunales al actual Lendakari por su comportamiento de palabra y obra?
Nota
Como Zapatero llamó «accidente» al último atentado mortal de ETA y el Lendakari define como «error» los crímenes de ETA y los etarras, ahora ya sólo falta que uno y otro nos digan que accidente y error no fueron intencionados.

La dolorosa deslealtad de nuestra izquierda

A diferencia de la izquierda francesa con su rotundo y beligerante patriotismo, nuestra izquierda y, más concretamente, el ala del socialismo hoy predominante, personificado en Rodríguez Zapatero, se caracterizan por una aversión decididamente patológica a todo cuanto hace referencia a España como patria común de los españoles. Evidentemente, esa aversión, basada en la idea de que referentes cardinales como patria y patriotismo forman parte de la alienante ideología militarista y reaccionaria del conservadurismo, ha llevado a nuestros pseudosocialistas a escenificar un enfrentamiento constante con la derecha, ignorando incluso asuntos de Estado y de interés general, y, lo que es infinitamente más grave, a adoptar actitudes abiertamente desleales y recabar, incluso mendigar, el apoyo de las oligarquías periféricas no sólo para imponerse en dicho enfrentamiento sino también, y esto es infinitamente más grave, para hacer que fracase todo proyecto de unidad e integración nacional.
A Pájaro bobo, hijo de un obrero socialista muerto en 1936, esa aversión y esa deslealtad le han impedido declararse abierta y lealmente socialista español y honrar así la memoria de su padre, obligándole a adoptar actitudes aparentemente, en su opinión sólo aparentemente, contrarias a sus conviciones.
La realidad es que, en esas circunstancias, él se aferra y se ha aferrado siempre al concepto nuclear de la doctrina y el programa socialistas: unión.
Pregunta ingenua e intempestiva: ¿es posible convencer a Zapatero y sus adláteres de que la relación del socialismo con la burguesa oligarquía periférica constituye un maridaje contra natura por partida doble?
En cualquier caso, Pájaro bobo está convencido de que tal maridaje no puede dar buen fruto ni de cintura para arriba ni cintura para abajo.

El gran delito de nuestro Zapatero

Pájaro bobo opina que el gran delito de nuestro Zapatero, acaso el mayor y, de hecho, el que nunca ha reconocido/confesado ni, previsiblemente, reconocerá/confesará en el futuro es que ha elegido como interlocutores de sus negociaciaciones y sus pactos, primero, a los separatistas catalanes y, después, a los criminales y separatistas de ETA. Entonces, ¿cómo puede pretender que el Partido Popular acuda ahora a su lado en calidad de cómplice y comparsa para refrendar su maniobra política y darle el carácter de acuerdo entre los dos grandes partidos nacionales que ni tiene ni tuvo nunca?
Si las cosas son efectivamente así, Pájaro bobo pregunta:
¿Cómo se llama ese delito en términos jurídicos? ¿Qué pena le corresponde en primera instancia?
Aunque él no es jurista, a la primera pregunta contesta: «Conjura para la destrucción de España como nación y el desmantelamiento del Estado de derecho».
Y a la segunda pregunta contesta: «destitución y procesamiento».

Sí, contra dirección, ¿pero quién?

Dos millones de españoles salen ordenadamente a la calle con sus banderas. Un policía muncipal, de nombre José Luis Rodríguez Zapatero, los ve y, cuando están a punto de arrollarle, se dirige a los que avanzan en cabeza y les dice: «Deben saber ustedes que van contra dirección. Los tengo que detener a todos y llevarlos a comisaría». Uno de Ermua le pregunta con guasa: «¿Nos va a tomar declaración a todos?» «Sí, a todos y uno a uno». «¿Y después?» «Después pasaremos lista por orden analfabético».
Pregunta ingenua e intempestiva: ¿tienen que cambiar de dirección los españoles o inhabilitar al ilustre e ilustrado policía municipal?
Nota
Creo que el texto sirve como chiste en la línea de los que publica Mingote .

Diagnóstico y pronóstico: destitución y procesamiento de Rodríguez Zapatero

Cinco preguntas ingenuas e intempestivas
Primera: ¿ha habido alguna vez en España, a lo largo de toda su historia, un político tan obtuso y obcecado, y, al mismo tiempo, tan falso y desleal como Rodríguez Zapatero?
Segunda: ¿pueda darse una acumulación indefinida de errores sin salto cualitativo?
Tercera: ¿a qué se debe que un gobernante nominalmente de izquierdas haya adoptado tantas decisiones despóticas, ilegales y irracionales como este hijo de la perfidia y la tozudez?
Cuarta: ¿cómo explicará Rodríguez Zapatero que prefirió pactar con criminales y separatistas a recabar el apoyo leal, democrático y patriótico de todos los españoles, sin distinción de credos ni ideologías, para abordar asuntos que afectan gravísimamente  al presente y el futuro de España?
Quinta: ¿no están dirigidas prácticamente todas las decisiones políticas de Zapatero, de manera manifiesta o encubierta, al desmantelamiento de nuestro Estado de derecho y la destrucción de España como nación?

Tres testimonios de la falsedad de Rodríguez Zapatero a cargo de sendos especialistas en la materia.
Jordi Pujol: «De Felipe y de Aznar te podías fiar; de éste, no».
Pasqual Maragall: «fui un ingenuo al fiarme de él».
Josep Piqué: «Pactará con todos y los engañará a todos».
Es obvio que los tres declarantes [ahora no comparecientes] y sus compañeros de intriga y conjura prefieren a Rodríguez Zapatero como jefe del Gobierno español e incluso como interlocutor político precisamente por su falsedad y su deslealtad, virtudes que son para ellos regalos preciados y preciosos. 

Identificación:
Pájaro bobo, hijo de un obrero socialista muerto en 1936, se declara fiel a su condición de ibero e Ibero y se considera a todos los efectos y sin reservas conscientes o deliberadas de ningún tipo patriota español. ¿Que es un troglodita reaccionario e impenitente? De acuerdo. ¡Arriba España!

Continuará...

La sonrisa de Judas: Rodríguez Zapatero frente al Estado de derecho, la Constitución de 1978 y el pueblo español de 2007

Es posible que la osadía de Zapatero sea aún mayor que su ignorancia. Es posible que su perfidia sea aún más profunda que la de todos los pseudonacionalistas periféricos juntos. Es posible que, una vez más, confíe en su buena estrella y en sus dotes de trapisondista consumado, aún no consumido. Es posible...

Pero, en opinión de Pájaro bobo, Zapatero debe hacer las maletas y marcharse cuanto antes. Aún puede tomar el último tren. Tal vez mañana sea demasiado tarde. Sólo hace falta que el Tribunal Constitucional se pronuncie sobre sus actuaciones desde la redacción, la tramitación y la aprobación del Estatuo catalán hasta la puesta en libertad real, no nominal, de ese asesino y trabucaire llamado De Juana Chaos. Fraudes de ley sobre fraudes de ley. Todo ello para allanar y preparar el camino a la exaltación y glorificación no ya del terrorismo sino del crimen puro y duro.

Inteligente ignominia: el criminal erigido en héroe y sus víctimas olvidadas. ¿Y la ley?

En opinión de Pájaro bobo, el Tribunal Constitucional no debe demorar por más tiempo su intervención y debe pronunciarse si quiere cumplir con su obligación y salvar la Constitución de 1978 y con ella el Estado de derecho, Contitución y Estado de derecho que este pérfido e irresponsable discípulo de Maquiavelo y sus acólitos están destrozando con medidas según ellos inteligentes pero, al decir y sentir de la mayoría de los españoles, ni justas ni legales.

Tal vez sería útil e ilustrativo oír de nuevo qué piensan sobre el asunto maestros del juego político a tres bandas como, por ejemplo, Jordi Pujol, Josep Piqué, Maragall y Carod o analistas del ruedo ibérico tan sutiles, bien informados y desapasionados como Enric Sopena y Valentí Puig. Envoltorios y paripés aparte, lo que ellos digan será siempre lo contrario de lo que conviene a España y a los españoles.

Pregunta ingenua e intempestiva: ¿A dónde quiere llevar a España Zapatero?

A la vista del camino que ha emprendido y de los aliados e interlocutores que se ha agenciado, es momento de exigir su dimisión y su procesamiento; esperar a que hable o cante sería suicida, pues el angelito siempre ha actuado por vía de los hechos consumados. Y con la sonrisa de Judas en los labios.

Estado de derecho

Pájaro bobo opina que, en condiciones ideales, el Estado de derecho —sin espacio para heroicidades ni improvisaciones de tipo personal— funciona a velocidad de crucero con el mando automático. Con ese referente como terminus ad quem, las acciones y declaraciones de Rodríguez Zapatero y José Blanco con respecto al problema de ETA le parecen penosas y lamentables.

La ley, siempre y sólo la ley.

Pregunta ingenua e intempestiva: ¿creen estos dos subalternos que con cambiar el nombre a algo se altera su realidad?

¿Y si después resulta que no resulta?

Sorites del calvo y la destrucción de España

Aunque en su Diccionario de Filosofía (tomo IV, pág. 3349), Ferrater Mora habla de «sofisma del calvo», Pájaro bobo prefiere el término «sorites del calvo», pues lo que le interesa no es tanto el razonamiento, aquí y ahora un razonamiento falso o falacia, cuanto la realidad como hecho en sí y como hecho percibido por el observador.

En esencia, el sorites del calvo nos dice que si alguien va perdiendo el pelo de acuerdo con un proceso largo e imperceptible, nunca podrá decirse que es calvo por la sencilla razón de que no es posible determinar en qué punto del proceso empezó a serlo. Como la palabra griega sorites significa montón, tendríamos que no podríamos decir cuándo empieza a haber un montón de algo y cuándo deja de haberlo, con análoga conclusión.

En opinión de Pájaro bobo, el error consiste en negar una realidad —calvicie o montón— aprovechando una deficiencia del método de observación, medición y/o análisis. También podría decirse que aquí se niega una realidad objetiva para hacer valer una teoría falsa.

En la historia abundan los casos de personas y entidades que, tras formular una teoría y comprobar que esa teoría entraba en conflicto con la realidad, negaron la realidad para seguir aferradas a su teoría.

Referido a lo que nos interesa e incumbe, tenemos que España ha entrado en un proceso de autodestrucción. Preguntas del tipo ¿cómo, cuándo y por que se inició el proceso de destrucción de España?, ¿en qué momento nos hallamos y cómo y cuándo terminará ese proceso? no interesan porque no aportan nada a la solución. Lo único que cuenta es impedirlo. Ahora mismo. Ya.

¿Tendrán razón los separatistas?

En los días de eso a lo que ahora llaman Transición a la democracia, Pájaro bobo encontró en la calle a dos separatistas catalanes a los que conocía de otros tiempos.

Pájaro bobo: «Vosotros sois una partida de delincuentes».
Ellos: «¿Por qué?»
Pájaro bobo: «Pues porque os hacéis pasar por comunistas y socialistas, y luego cogéis los votos de los trabajadores españoles de las barriadas y se los dais a Pujol».
Ellos: «Sí, claro, pero eso lo sabes tú; ellos, no.

Pregunta ingenua e intempestiva: ¿siguen los trabajadores españoles de Cataluña sin saber a dónde y a quién van a parar sus votos después de treinta años?

De la intriga permanente a la segunda y última colonización de España

Zapatero y los suyos idearon un plan para deshacerse del fenicio que, mediante transferencias, les estaba comprando la independencia de Cataluña en fascículos y por estampas(1) con los votos de los trabajadores españoles del Principado inscritos en el PSC (Partido de los Separatistas Catalanes). En un primer momento pensaron enviar al fenicio a Turquía (no; a Marruecos, no), pero después decidieron dejarlo una temporadita en hibernación.

Mientras tanto pusieron a un charneguete, español vergonzante y púnico asimilado, al frente de la Generalidad de los Países Cataláunicos. Como el hombre era uno de los suyos, creyeron que con él podrían hablar a calzón quitado. A cambio, los de la barretina les metieron a Boca cerrada (Clos) en la Villa y Corte.

Pero el charneguete — unas veces Josep, otras José y siempre amontillado— resultó ser un agente doble, y es sabido que los agentes dobles sirven a dos señores y a ninguno. Ahí tienen, por ejemplo, a Josep Piqué, el de la eterna picadura en la espalda, a oscuras y con mano enguantada, a Valentí Puig, que, en vez de pensar y escribir lo que piensa, se dedica a amontonar palabras con las que ocultar sus hechos y sus intenciones en espera de que le nombren hereu (heredero) de lo que, si Dios y el rey no lo remedian, un día será el periódico del honorable Jordi Pujol en la ex capital de la ex España, y tantos otros de cuyos nombres no puedo olvidarme.

Estoy hablando de la segunda, última y definitiva colonización de España por los fenicios de las Terres de Ponent, una colonización que empezó hace varias décadas con la colocación de agenters dobles en puntos sensibles de nuestra piel de toro y siguió con el control progresivo e implacable de sus resortes de poder. Ahí están y ahí estamos.

¿Que qué vendrá después? Lo que todos sabemos y algunos desean. Puedo adelantar que su programa de colonización por transfererencias se extiende desde los trenes de cercanías hasta El Corte Inglés, pasando por puertos, aeropuertos y todo lo demás. Evidentemente, el núcleo duro corresponderá a la banca y, con ella, al Ministerio de Economía. Argumento: si España controla el Ejército; Cataluña debe controlar la economía. Y la controlará. Tiempo al tiempo.

Mientras tanto ellos mienten,
nosotros sabemos que mienten,
ellos saben que nosotros sabemos que mienten,
pero, aun así, ellos mienten
y siguen adelante.

(1) La expresión «por estampas», en vez de «por etapas», la aprendí de mi madre.  

Soberanía nacional y democracia

Pájaro bobo entiende que sin democracia ni hay ni puede haber elecciones democráticas. Y, como ni en Vascongadas ni en Cataluña hay democracia, ni allí ni aquí puede haber elecciones democráticas.

Pájaro bobo entiende que para que en toda España haya democracia lo primero que el Gobierno debe hacer es recuperar la soberanía nacional y reinstaurarla en todo el territorio español y, después, otorgar los derechos democráticos y constitucionales a todos los españoles, incluidos los que no se sienten españoles o no quieren serlo.

Pájaro bobo entiende que, mientras no lo haga, el Gobierno de España seguirá siendo cómplice de un delito: la usurpación de los derechos democráticos a los que se sienten españoles por los que no se sienten españoles en Vascongadas y Cataluña, pues esa usurpación ha contado en todo momento con la connivencia e incluso con la colaboración activa de dicho Gobierno, que la aceptado como un hecho consumado.

Pregunta ingenua e intempestiva: ¿puede y debe un ciudadano español llevar ante los tribunales al Gobierno de su patria por connivencia y colaboración activa con los que quieren destruirla?

El proyecto Zapatero

Le ha costado tiempo, estudio y reflexión, pero al fin Pájaro bobo cree haber dado con la clave. Zapatero, mezcla extraña de ignorancia, perfidia y obstinación, tiene un proyecto nacional e incluso una visión global del Estado. Dos premisas: eliminar al Partido Popular y utilizar a los separatistas periféricos como fuerzas centrífugas de tracción. ¿Objetivo? Lllegar al Estado federal. En ese momento entrarán en acción los periféricos, habida cuenta que en ese momento todos seremos periféricos.

Su fórmula es: de la Monarquía parlamentaria a la República a través de la ley de la Memoria histórica y de la República a la disolución de la República a través del Estado federal. ¿Después?

Pájaro bobo pregunta: ¿no ha llegado la hora de destituir y procesar a Zapatero?

Consideraciones intempestivas

Primera consideración intempestiva:

Cuanto más fuerte sea el enfrentamiento entre los dos grandes partidos nacionales tanto más débil será España; cuanto más débil sea España tanto más fuerte será el separatismo; cuanto más fuerte sea el separatismo tanto menor será la capacidad de los españoles para decidir el destino de su país [¿puedo decir patria?] en libertad y democracia.

Segunda consideración intempestiva:

La unión de los ciudadanos, de todos los ciudadanos, debe basarse no en un pacto o una alianza sino en el cumplimiento de la ley. No es lícito pactar con quienes infringen grave y/o gravísimamente la ley; son delincuentes. Y, evidentemente, si un jefe de Gobierno pacta con delincuentes que no han cumplido su condena, también delinque.

Tercera consideración intempestiva:

Si un Parlamento autoriza a un jefe de Gobierno a pactar con delincuentes (en este caso, criminales) que no han cumplido su condena, delinque por partida doble: porque concede una autorización ilícita e ilegítima y porque es responsable del delito o delitos del autorizado.

Cuarta consideración intempestiva:

Si la Judicatura de un país, sea éste el llamado España, tiene conocimiento de que Parlamento y Gobierno están infringiendo la ley (en este caso la Constitución) y, en vez de defender sus competencias y con ellas la persistencia del Estado de Derecho, se inhibe...

Así hablaba Pájaro bobo...