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La industria de Pájaro bobo

política

Primera embajada del carallot Carod

A Pájaro bobo se le ha ocurrido proponer al carallot Carod que abra su primera embajada en las islas Columbretes. El señor embajador, un subalterno suyo que domine todas las lenguas de los Países Cataláunicos y dos docenas de variantes dialectales, se alojaría en el Palafito de los Alcatraces, en espera de más honroso destino; por ejemplo, Marruecos, sí, sí, Marruecos.

De momento no estaría de más que el señor Moratinos se diera una vuelta por la isla de Alborán. Desde allí podría otear las tierras de la morería, incluido el peñasco de Perejil. ¿O acaso cree nuestro titular de Asuntos Exteriores que no hay moros en la costa?

Explicación.  Para Pájaro bobo la palabra catalana carallot equivale en cierto modo a botarate. En sentido estricto debe aplicarse para caracterizar a una persona falta de juicio y/o de sentido de la responsabilidad. 

La perfidia contra el número

La catalanización de la vida pública española —lo que se hace y como se hace— constituye una nueva demostración de que la perfidia, en cuanto forma superior o excelencia de la razón práctica, se impone siempre al número. Y de que, cuando eso ocurre, la democracia pasa a ser una vergonzosa y ridícula pantomima. ¿Acaso no tenemos aquí una minoría frente a una mayoría?