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La industria de Pájaro bobo

Acortar distancias no es suficiente

La presión de quien la ejerce y la presión de quien la sufre

Pájaro bobo no duda en afirmar que, en esta ocasión, Rajoy, bien preparado psicológicamente y bien documentado, libró un combate excelente, de esos que hacen afición, y se impuso a Rodríguez Zapatero en el debate televisado ayer, día 25 de febrero. Desde el instante en el que sonó la campana, el popular infundió un ritmo airoso y pujante a sus acciones, lo que, ya de entrada, le proporcionó una clara ventaja psicológica, tanto frente a su rival, acaso un poco sorprendido/aturdido, como ante el público, que a buen seguro agradeció su esfuerzo y su actitud. Rajoy ha ganado mucho como polemista y, al menos en esta ocasión, ha desbordado a su contrincante, un Zapatero excesivamente preocupado por hacer frente a una auténtica máquina humana que en todo momento amenazaba con arrollarlo. Desde este punto de vista hay que decir que el socialista procuró parapetarse en su parcela, sin abandonarla ni aventurarse a un cuerpo a cuerpo en campo abierto, como parecía desear y buscar Rajoy con sus declaraciones/acusaciones/provocaciones. Zapatero ni mordió el anzuelo ni perdió la compostura. Terminó el combate en el mismo tono en el que lo había empezado, dando la impresión de que no estaba dispuesto a abandonar el guión. Y no lo abandonó. Perdió el combate/debate, pero Rajoy no consiguió sacarle de sus casillas, aunque en el algún momento estuvo a punto de hacerlo. Me refiero concretamente a aquellas situaciones en las que su antagonista le acusó de mentir y de agradir a las víctimas del terrorismo. Pájaro bobo considera que Rajoy hizo un uso indebido de los términos «mentir» y «mentira». En su lugar debería haber empleado (y en lo sucesivo debería emplear) la expresion «faltar a la verdad». En cuanto a las agresiones a las víctimas del terrorismo, Pájaro bobo tiene la impresión de que inicialmente Zapatero no entendió que su oponente estaba utilizando el verbo agradir en sentido figurado. De ahí su reacción. En cualquier caso, el socialista abandonó la sala herido, no agradido, pero sólo metafóricamente, mientras que al popular se le seguía viendo con muchas ganas de continuar el combate. Y es posible que si este hubiera durado un par de asaltos más, habría dejado fuera de combate a su oponente.
A falta de un segundo combate, Pájaro bobo se inclina a pensar que el PP, de la mano de Rajoy, está acortando distancias, tras el fiasco de Pizarro, pero aún no ha conseguido invertir la tendencia de las apuestas. Sigue ganando el Partido Socialista. Así las cosas, cabe imaginar que el último combate será decisivo.
Pregunta ingenua e intempestiva: ¿conseguirá Rajoy sacar a Zapatero de sus casillas y arrastrarle a un cuerpo a cuerpo de toma y daca, sin guión y sin moderador?

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