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La industria de Pájaro bobo

Debate Rajoy-Zapatero: consejos para no perder


En los combates de la vida acostumbra a ganar no quien tiene más y mejores medios sino quien mejor los utiiliza

Después del combate a tres asaltos entre Solbes y Pizarro en el ring de la Economía, con sus cifras y sus estadísticas, combate que se saldó con la victoria final del púgil socialista por un abultado margen de puntos según veredicto casi unánime del público/jurado arrellanado en sillas, sillones, butacas y sofás de toda la nación, cabe pensar que los ayudantes de Rajoy y Zapatero han tomado nota de los aciertos y los errores, de los puntos fuertes y los puntos flacos de sus subalternos y en este caso teloneros.
Pájaro bobo se atrevería a decir que Solbes se impuso a Pizarro con superioridad y que esa superioridad se debió esencialmente al planteamiento táctico-estratégico del debate/combate: el actual ministro de Economía se movió y peleó siempre en su parcela, con todas las ventajas que esto comporta, y además impidió, de una parte, que su rival se le acercara irrespetuosamente para entrar en el cuerpo a cuerpo o clinch y, de otra, que marcara distancias y pudiera exponer sus proyectos con claridad y precisión. Ciertamente el popular fue el único que hizo propuestas, concretamente propuestas de futuro, pero la medida no fue suficiente, pues no la ejecutó con autoridad y convicción. ¿No supo? ¿Se lo impidió Solbes?
Ahora, Pájaro bobo aconsejaría a Rajoy en su primer enfrentamiento a Zapatero que, en la medida de lo posible, no deje que éste se instale cómodamente en su parcela, la parcela del adanismo, y maneje a voluntad su arma predilecta, el señuelo de las promesas a fondo perdido o a cuenta de inventario. Por el contrario, Rajoy debe presentar la situación actual de la economía española como resultado de una gestión poco exigente y fraudulentamente social y dadivosa. Para repartir, primero hay que crear riqueza con trabajo y esfuerzo. Después, la riqueza acumulada, si la hay o hubiera, se repartirá de acuerdo con las aportaciones y exigiendo siempre contraprestaciones, no en forma de obsequios electoralistas. Un gobernante responsable primero exige y luego reparte; un gobernante irresponsable promete y promete, sobre todo en tiempo de elecciones. El planteamiento de Zapatero, con sus sempiternas promesas, que en su inmensa mayoría después no cumple, roza constantemente el límite de la ilegalidad, al igual que sus negociaciones con los etarras, criminales a los que ha dignificado, legitimado y «democratizado» convirtiéndolos nominal, ¿semánticamente?, en violentos.
Tras definir la situación actual de nuestra economía a la luz de sus indicadores, Rajoy puede señalar las tendencias marcadas por esos indicadores, así como las medidas correctivas que, según él, deben acometerse ya ahora, para evitar males mayores e incluso catástrofes. Eso no es catastrofismo sino sentido de la realidad. La economía es, entre otras muchas cosas, una ciencia prospectiva gracias a la información proporcionada por medidas como el estudio de los mercados, el análisis de la producción y el consumo, junto con la valoración de las tendencias nacionales y supranacionales.
En opinión de Pájaro bobo, Rajoy debería presentar su propuesta de acuerdo con un esquema integral y orgánico (cosa que no hizo Pizarro), procurando transmitir a los televidentes la sensación de competencia en el tratamiento del tema y sus aspectos económicos y sociales. Esa puede ser su gran baza frente a un Zapatero siempre diletante, siempre improvisador, adanista irreductible de promesas a fondo perdido como base de su política nacional (campañas electorales incluidas) y, por insuficiencia intelectual, siempre falto de un proyecto político, económico y social elaborado y desarrollado con un criterio racionalmente orgánico.
Pregunta ingenua e intempestiva: ¿conseguirá Zapatero vender una vez más a los españoles humo de pajas?
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