Blogia

La industria de Pájaro bobo

San Pedro ciruelo (cuento extremeño)

Para
María Fernanda y Rosario


Allá por los años cuarenta de ese siglo que ha pasado a ser historia, don Cipriano ejercía su ministerio como pastor de almas en un pueblo de la Alta Extremadura. Situado en una de las estribaciones de la sierra de Gredos y más concretamente en la ladera que mira a Poniente, el pueblo tenía abundantes aguas y, gracias a ellas, multitud de huertas y huertos enriquecidos con árboles frutales. Según el censo municipal, el número total de éstos oscilaba en torno a los quince mil quinientos entre cerezos, higueras, perales, ciruelos y especies menores, pero sin contar las encinas, los robles, los alcornoques y, por supuesto, tampoco los castaños. En realidad, los castaños eran con mucho los árboles más numerosos, ya que cubrían las lomas que se escalonaban desde el fondo del valle hasta la cota alpina.

Con la ayuda de su sacristán, don Cipriano cumplía dignamente su misión y salía adelante con cierta holgura, de modo que, después de cuidar de las cuatro mil quinientas almas de su parroquia, aún le quedaba tiempo cada día para rezar el breviario, hojear/ojear algún periódico de la capital, colaborar en la labranza de su huerto y, a media tarde, echar una partida de ajedrez con el secretario del ayuntamiento o, en su ausencia, con algún otro devoto feligrés.

A pesar de que los vecinos del pueblo eran pacíficos y la precariedad de la posguerra los mantenía unidos y sumisos, don Cipriano estaba un poco dolido con ellos y sobre todo con el alcalde. Terminada la guerra, la parroquia, dedicada a San Pedro, seguía sin tener una imagen digna de él en el retablo del altar mayor, pero como el pueblo ya estaba costeando las obras de restauración de la ermita del Cristo de la Salud, el buen hombre no se atrevía a aumentar la cuota mensual de las familias, ni a poner más cepillos en las capillas laterales de la iglesia, ni siquiera a hacer una colecta navideña.

Un día del mes de mayo, más apesadumbrado que de costumbre, o acaso inspirado por el Espíritu Santo, don Cipriano llamó a Antonio, que era a un mismo tiempo sacristán, subdiácono, tallista imaginero, mozo hortelano y subalterno suyo, y le pidió que convocara a los feligreses para el primer domingo de junio, a las cinco de la tarde, en la iglesia parroquial.

Así que hubo congregado en su iglesia al pueblo de Dios, el solícito pastor le expuso su idea de que entre todos debían poner remedio a tan ominosa carencia, que, según el magisterio papal, avalado por doctísimos Padres de la Iglesia, era poco menos que un pecado de iconoclasia.
La palabra escandalizó a muchas almas sencillas, hasta el punto de que el alcalde, temeroso de que el pueblo viviera una escena más propia de la República que de la nueva era, se lo comentó a Antonio, pero éste, asesorado por su superior, le explicó como pudo que todo era mucho más elemental; según don Cipriano, en la iglesia de San Pedro debía haber una imagen del apóstol, pues los fieles no tenían ni a quien rezar ni a quien pedir ayuda en sus tribulaciones.

Uno de los pocos que no se escandalizó, por la simple razón de que no acudió a la asamblea parroquial, fue Salustio el Centauro. Salustio era todo un personaje no sólo en el pueblo sino incluso en la comarca. De él se contaban infinidad de historias, unas relacionadas con mozas y otras con fechorías, bravuconadas o hazañas guerreras. De acuerdo con Pájaro bobo, investigador histórico-folclórico del municipio a partir de la segunda República, el nombre de Centauro se lo puso Aurelio el Morgaño, vecino suyo, una noche en la que Salustio, que entonces debía de tener unos quince años, se presentó en su casa y, como si hablara a borbotones, se puso a contar que iba a comprarse una moto para subir con ella al Pinajarro, que era y, cabe suponer, sigue siendo la cumbre más alta de toda la sierra. Nada más oírlo, Aurelio dio un salto y gritó: ¡Salustio, eres un centauro! Y con el nombre de Centauro se quedó para el resto de su vida, a pesar de que a él no le hacía ninguna gracia y prefería el de Salustio, que según le habían explicado en la escuela, era el de un célebre escritor romano.

Un día de principios de 1937, cuando estaba en la estación esperando que pasara algún tren con víveres o pertrechos de guerra, le cogió la basca y se subió a un vagón que le llevó directamente el frente. Nada más llegar, sin preguntarle siquiera cómo se llamaba, le dieron un fusil con la correspondiente munición, y Salustio, que tenía a la sazón unos 17 años, estuvo disparando sin parar hasta que terminó el combate. Entonces se le acercó el jefe de la unidad (por lo que se supo después, un militar de alto rango) y le entregó un uniforme de legionario y una medalla con el Cristo de la buena muerte, pues, según declaró solemnemente, se lo merecía «por valiente y porque trepaba montaña arriba más deprisa que nadie».

El bueno del Centauro siguió en el frente, disparando a troche y moche, siempre protegido por su medalla, hasta el punto de que un día, en un combate, ésta le salvó la vida, ya que una bala fue a estrellarse justamente en ella.

Al mozo le gustaban la guerra y la manera de combatir de los legionarios, pero sin que sepamos cómo, pues él nunca quiso explicarlo, se pasó al bando republicano y, ya en tiempos de la retirada, huyó a Francia, donde se incorporó a la Resistencia. Aquí estuvo luchando dos años, hasta que, dada su condición de comunista convencido y militante, fue seleccionado para formar parte de una delegación de republicanos españoles que debía visitar la Unión Soviética y asistir oficialmente al desfile del primero de mayo en la Plaza Roja. Si nos atenemos a sus palabras, esto debió de ocurrir en torno a 1940.
Cuando, transcurridos ocho años desde su marcha, el Centauro volvió al pueblo y contó sus aventuras como guerrero, aderezadas con historias de mozas --milicianas españolas, resistentes francesas y camaradas comunistas--, sus amigos se las creyeron todas, en especial las de mozas, pues hay que decir que el Centauro, además de valiente, era un muchachote de buena planta.

Así que don Cipriano se enteró de que había llegado al pueblo un ex combatiente republicano, consultó a Antonio y éste le contó sus andanzas y algunas de sus proezas. En resumen, «un buen muchacho, noble y bruto como un toro; un alma descarriada».
Con estos antecedentes, el cura decidió visitar al Centauro, que, al poco de llegar, se había instalado en una especie de cortijo que compró junto al río, en un paraje conocido con el nombre del Salobral. Allí pasaba los días y las noches, siempre trajinando y siempre rodeado de sus animales; a veces, en vez de labrar el campo, se iba de caza con los perros, sin escopeta, para no levantar sospechas.

Así que vieron avanzar por el camino una figura humana toda vestida de negro, los cuatro perros del Centauro, asilvestrados como estaban, se pusieron a ladrar en coro como si hubieran visto al demonio, pero no se atrevieron a acercarse a ella. Su amo compareció momentos después y, como llevaba la camisa al estilo legionario con su Cristo de la buena muerte bien visible en medio del pecho, el visitante aprovechó el detalle para decirle con retintín: «Hombre, veo que eres creyente...» «Bueno, la verdad es que me salvó la vida. Por eso lo llevo siempre en el pecho, aunque la verdad es que yo... Sí, eso, soy comunista, bueno, bueno, bolchevique territorial. ¿Sabe usted, don Cipriano? He estado en Rusia, en Moscú, en la Unión Soviética».

Al Centauro se le humedecieron los ojos y empezó a soltar palabras en una lengua extraña, tan extraña, que don Cipriano no entendía nada. En un primer momento le pareció griego, luego búlgaro cirílico y por último ruso. Pero no se asustó. Meditó unos segundos, pidió inspiración al cielo y luego le dijo a su nuevo feligrés: «Mira, yo sé que eres buena persona. Aquí, en el pueblo nadie te va a molestar, ya le tengo dicho a Adolfo, sí, a Adolfo, el cabo de los guardias civiles, que te deje en paz, que tú no vas a armar bronca ni hacer propaganda a favor de los ateos. Lo mejor para todos es que te quedes en casa con tus perros y tus ciruelos. Y a propósito de ciruelos, ¿qué vas a hacer con esos troncos que tienes ahí, junto a la parra?» «Pues guardarlos para hacer fuego con ellos en invierno». «Entonces, ¿me darías uno?» «Pues claro que sí, don Cipriano. Pero, ¿para qué quiere usted un tronco de ciruelo?» «Ya te lo explicaré».

Al día siguiente, Antonio se acercó al cortijo del Centauro con su burro, cargó el tronco de ciruelo más grande y macizo que encontró cabe la parra y se lo llevó a su casa, donde le esperaba el señor cura, que, nada más verlo llegar, le ordenó: «Ya puedes empezar».
Y así lo hizo. Como el subalterno del señor cura manejaba la gubia con pasmosa habilidad y destreza, en poco menos de un mes puso a punto una figura de San Pedro con las medidas del Cristo que había hecho para la ermita de la Salud. Las dos imágenes estaban talladas en madera de ciruelo, pero mientras en el Cristo Antonio había aprovechado la resina que desprendía la madera para simular las lágrimas de la Pasión, en el San Pedro, advertido por don Cipriano, tuvo mucho cuidado en que la cara resplandeciera de pura bienaventuranza.

Cuando Antonio terminó de tallar la imagen del santo, don Cipriano fue a verla y juntos acordaron pedir al obispo de la diócesis que acudiera al pueblo para consagrarla oficialmente. «Y ¿qué hacemos con nuestro Centauro?» preguntó Antonio en el momento de despedirse. «A mí, lo único que se me ocurre --repuso su superior-- es invitarle a que venga a verla. Así, al menos conseguiremos que se acerque a la iglesia». «No vendrá, estoy seguro de que no vendrá, don Cipriano». «Eso ya lo veremos. Ten en cuenta que, modestia aparte, yo tengo cierta influencia en el cielo». «Pues mejor para usted». «Tú lo que tienes que hacer es dejarte caer un día por el cortijo del Centauro como quien va de caza y entre gazapo y gazapo le preguntas si quiere ver el tronco de ciruelo, mejor dicho, lo que has hecho con él. A ver cómo respira». «Lo que usted diga, don Cipriano».
Nadie en el pueblo supo nunca qué le dijo al Centauro el sacristán la mañana en la que, acompañado de sus tres galgos y sus dos lebreles, éste se personó en el cortijo del Salobral. Lo cierto es que el primer domingo de julio de 1944, a las doce de la mañana, cuando el ministro del Señor, revestido de pontifical, salió de la sacristía y se dirigió al altar mayor para celebrar la santa misa, el alma descarriada apareció en la iglesia, fijó los ojos en el retablo y, así que vio la imagen del santo apóstol allí, en todo lo alto, exclamó como si no quisiera creer lo que veía:

«Ay, San Pedro, yo te conocí ciruelo
y de tu fruto comí;
los milagros que tú hagas
que me los cuelguen a mí».
Hervás, agosto de 2003

Nota. Escribí este cuento durante el mes de agosto de 2003, cuando me alojaba con Margarita, mi señora, en un apartamento del antiguo Hotel Sinagoga de Hervás. Como de costumbre, Blacky estaba con nosotros. Mientras contemplaba el Pinajarro, que me parecía tener al alcance de la mano, recordé leyendas, hechos, dichos y personajes de mi niñez. La imaginación y un cariño teñido de nostalgia hicieron el resto. Se prendió fuego en el monte, y un presagio me hizo saber que sería mi última visita.

Caerá la noche
sobre el bosque en llamas
y arderá mi pueblo
arderá mi casa
arderá mi río
arderá mi infancia

Alquimia política: el método fenicio

Primero se maquina y se elabora una realidad ficticia, después se convierte esa realidad ficticia en realidad oficial y, por último, la realidad oficial es bendecida, presentada y vendida como realidad social auténtica y democrática.

Margarita, el Menesteroso y los Superinos

Margarita trae el parte: «Los Superinos están muy bien atendidos; tienen manjares de todo tipo. Se ve que el Menesteroso es un tutor solícito y generoso». Pájaro bobo sólo tiene que pasar lista y revista.

Ignominioso, vergonzoso, delirante

En el último o, para ser exactos, penúltimo Estatuto de Cataluña se habla de las aspiraciones del pueblo catalán. Lo que no se dice, ni se ha dicho ni, por lo que veo y preveo, se dirá nunca abiertamente, es que la sociedad catalana está formada por dos comunidades sociolingüísticas: la española o castellana (55 por ciento de la población) y la catalana (45 por ciento de la población).

Ésa es la realidad social, realidad social que debería servir de base al Estatuto catalán, a todos los estatutos de esta España desgarrada y traicionada por vendedores de humo.

Ignominioso, vergonzoso, delirante.

¿Deseos imposibles?

Pájaro bobo, alienado y esquizofrénico por designio divino, siempre se ha sentido atraído, a un lado, por el orden cósmico (¿inhumano?) y, a otro, por criaturas condenadas a vivir en la miseria. Entre los grandes sueños de su vida tiene anotado: pasar una temporadita a la sombra con quinquis, manguis, afines y homólogos, dormir algo así como un par de meses en una estación de metro con miembros del lumpen urbano y suburbano, hacerse amigo de un perro callejero y aprender a sobrevivir con él y como él, frecuentar puentes, desguaces, banlieues de inmigrantes/emigrantes y urbanizaciones, polígonos y suburbios con botellón y botelloteca, escuchar las historias y leyendas de mendigos borrachines y caritativos con saco de dormir y vivir, contratar los servicios de una puticlista o una concubina con mucha experiencia y mano izquierda pero sólo para que le cuente sus experiencias, pues siempre se ha dicho que las damas de este gremio [conocidas en otro tiempo como hermanitas de la caridad] son grandes psicólogas, instalarse sin contrato de alquiler o con contrato indefinido en una casa ruinosa y compartir suciedad, humo, tabaco y potaje con inmigrados del sur, del este, de las Indias Occidentales  y del septentrión hasta que el cuerpo ya no aguante. Okupas, fuera.

La verdad es que, además de ésos, tiene otros deseos acaso no tan imposibles pero sin duda más pecaminosos y menos confesables. Deseos de envergadura.

Nota 1. Es sabido que el pobre Friedrich, cuando ya tenía la cabeza como un sonajero y no daba pie con bola, seguía empeñado en trajinar de cintura para abajo y pedía a voz en grito, en sueños y en vigilia, vírgenes y más vírgenes.

Nota 2. Alguien ha dicho que el ser humano es lo que piensa. Pájaro bobo considera en cambio que todo ser, humano o no humano, es lo que ha vivido.

Una conjura con nombre de Estatuto

«En una democracia todo el mundo puede expresar libremente sus ideas».

J.Ll. Carod-Rovira, presidente de Ezquerra Republicana de Cataluña

Entre otros muchos fines no menos ilegítimos y éticamente reprobables, el llamado Estatuto de Cataluña se propone ahora legalizar —y por vía indirecta legitimar—, como hecho consumado inamovible e irreversible, un modelo de sociedad caracterizado por la existencia, dentro de su territorio, de una comunidad minoritaria no ya hegemónica sino abiertamente opresora y una comunidad mayoritaria y paradójicamente oprimida. Por lo tanto, debemos tener presente en todo momento que se trata de un documento jurídico intrínsecamente antidemocrático, anticonstitucional y, lo que es infinitamente más grave, inmoral, habida cuenta que se asienta en una cadena de fraudes y abusos legales que arranca de sus mismos orígenes: el inicio de la actividad legislativa del Parlamento de Cataluña.

Ha llegado el momento de denunciar ante la opinión pública que los partidos catalanes/catalanistas, siguiendo rigurosamente un plan poseedor de todas las características de una conjura y utilizando sistemáticamente métodos contrarios a los principios éticos más elementales, han venido dedicándose afanosamente a beneficiar la reducida pero rica y codiciada parcela política del Principado hasta hacerse con la representación poco menos que absoluta y exclusiva de su población o, lo que en este caso es igual, de las comunidades de lengua castellana y lengua catalana en todos los organismos públicos y de manera especial en el Parlamento por su condición de instancia legislativa.

Ahora, en Cataluña hay ciudadanos que poseen derecho de voto y representación propia, pero aún más ciudadanos que sólo poseen derecho de voto, no representación propia, toda vez que ésta, junto con otros derechos constitucionales, les ha sido arrebatada y usurpada dolosamente por partidos políticos que, además de actuar como catalizadores/catalanizadores de opiniones y votos, han formado un frente nacional a la vez separatista y totalitario. De acuerdo con esa línea de actuación, no es arriesgado imaginar que el día en el que dichos partidos políticos decidan poner fin a la actual escenificación democrática y dar un nuevo impulso a su proyecto secesionista, sus propuestas (léase consignas y proclamas) van a ser aprobadas no con el noventa por ciento de los votos a favor sino por unanimidad. Siempre, claro está, que sus promotores y valedores consigan mantener un control de la sociedad y sus miembros igual o superior al actual.

En cualquier caso, lo cierto es que, hoy por hoy, el que vota en Cataluña vota necesaria e indefectiblemente separatista. Y aunque es muy cierto que no todos los habitantes de esta región española —¿me es permitido llamarla así?— son separatistas, lo son los partidos políticos por obra y gracia de sus líderes y, en consecuencia, también las leyes promulgadas por su Parlamento, un Parlamento en el que —hay que decirlo una y mil veces— más del sesenta por ciento de la población de Cataluña no tiene representación propia, directa y democrática, pues, para colmo de nuestras desdichas, a la situación descrita se suma el hecho de que el Partido Popular de estas tierras está en manos de un Josep Piqué picado de deslealtad congénita y, fiel a su condición, entregado a la labor de debilitar furtivamente a su partido desde dentro.

Ésa es la vía elegida y puesta en práctica por nuestra burguesía de acuerdo con la ya vieja y conocida fórmula: democracia formal en la superficie y dictadura real en el fondo. Una democracia formal que, como ahora, es pura comedia de intriga y enredo y una dictadura tan real como las grandes fuerzas matrices y motrices de toda sociedad avanzada: el poder político, el poder económico, el poder mediático. La novedad de la variante autóctona está en su sistema de recaudación y distribución, que dice y enseña: lo nuestro sólo para nosotros y lo vuestro a repartir entre todos.

De acuerdo con lo expuesto, las leyes promulgadas por el Parlamento de Cataluña no son legítimas, ya que no es un Parlamento auténticamente democrático o, lo que en este caso es igual, representativo de la realidad demográfica, social y política del Principado, una realidad caracterizada a lo largo de los siglos y sobre todo en la actualidad por la coexistencia e incluso convivencia, tan viva como sorprendente, de dos comunidades sociolingüísticas, ora imbricadas, ora yuxtapuestas.

Y toda vez que, a nuestro entender, esa realidad debe ser a un mismo tiempo marco y referencia de todo proyecto legislativo presidido por criterios de racionalidad y equidad, nos parece evidente que sólo pueden aspirar a la condición de legítimas las leyes que respeten debidamente el orden social de ahí emanado y traten de mejorarlo con métodos y recursos ética y jurídicamente lícitos.

Pero como quiera que la situación actual de Cataluña está presidida con carácter exclusivo y exluyente por un Estatuto concebido a modo de declaración de guerra de un frente nacional siempre cordialmente desleal y furtivamente beligerante, con una legalidad puramente formal como triste y maltrecho telón de fondo, hay razones sobradas para hablar tanto de perversión de la democracia por fraude de ley como de fraude de ley por pervesión de la democracia.

Ése es el delito, definido aquí y ahora como conjura, que queremos denunciar y, si nos fuera posible, condenar y erradicar. Y lo hacemos movidos no tanto por el convencimiento, obtenido gracias al estudio de la historia, de que nunca nadie consiguió engañar a toda una sociedad durante todo el tiempo, cuanto por la certeza, hecha razón última en boca de Aristóteles, de que el ser humano ha sido creado para conocer la verdad y la justicia y vivir y convivir de acuerdo con sus principio rectores.

Despedida sin despedida

Un día, hace ya muchos años, la señora Lucía le dijo a Pájaro bobo, que entonces aún no se llamaba Pájaro bobo pero ya era uno de sus cuatro superinos: «Las personas mayores debemos estar siempre limpias porque podemos morir en cualquier momento». ¿Filosofía de madre? Así interpretó él su mensaje y así lo ha conservado en su memoria/imaginario hasta el día de mañana.

Y como no le gustaría morir con odio y rencor en el alma, Pájaro bobo ha empezado a sacudirse la falsa mala conciencia que se empeñaron en infundirle quienes, después de promover su aislamiento social y acosar su entorno familiar, maquinaron criminalizarle a perpetuidad. No deja de ser curioso que el oprimido, que es quien —a fortiori!— cumple la ley, sea denunciado como delincuente por los opresores, que son quienes la transgreden impunemente ad libitum. Sí, ad libitum!

Mundanidades y miserias aparte, Pájaro bobo considera que, a la hora de morir, el opresor es infinitamente más digno de compasión que el oprimido. Precisamente por su apego al poder y a esa coraza del alma que se llama falsa buena conciencia. ¿O es que acaso van a ganar una vez más y para siempre los de siempre. Pájaro bobo blasfema: A partir de un estado de injusticia, la justicia empieza con un ajuste de cuentas.

Primera consideración o Betrachtung de Pajaro bobo ante mortem.

Avería en la Industria de Pájaro bobo

Pájaro bobo ha tenido la industria averiada durante una semana o algo más. Cosas del servidor, que no es un servidor de ustedes. Podría haber sido peor. Y, probablemente, no será la última vez. Operamos en el ámbito de la realidad virtual, que está inscrito en el ámbito de la realidad contingente. Aquí estamos presos, atenazados, sin posibilidad de escapar. Nuestra caverna se llama alienación. Estamos, no somos, nunca llegaremos a ser. Y si ni siquiera el pobre Nietzsche se atrevió a gritar desde la atalaya de su demencia procaz «Ich bin der, der ich bin», ¿puede acaso Pájaro bobo rebelarse y blasfemar «Yo soy el que soy?» No lo va a hacer. Con una alienación tiene bastante.

Observación.
La alienación podría ser una prueba de que cuando una criatura se rebela contra su Creador, éste no la aniquila sino que la confunde y la aleja de sí. ¿Para siempre?

Muerte civil

A través de lo que leo en los periódicos y oigo en la Televisión llego al doloroso convencimiento de que, en líneas generales, mis compatriotas de la Meseta ni saben ni se preocupan de lo que piensan y pretenden los sedicentes nacionalistas catalanes.

Un día, si sigo con vida, trataré de explicar con cierta amplitud y detalle que, en mi opinión, lo que hay aquí no es nacionalismo, pues los nacionalismos son movimientos interclasistas de desarrollo vertical [de abajo arriba y de arriba abajo], sino un movimiento burgués, ya que, en cuanto que responde a un desarrollo plano y circular, el fenómeno catalán es rabiosamente endogámico y clasista. Para verlo debería bastar con examinar la genealogía sociopolítica de sus capitanes y su feligresía.

En cualquier caso, lo que importa es saber que en Cataluña, con más de seis millones de habitantes y dos comunidades sociolingüísticas, hay una comunidad opresora y una comunidad oprimida. La primera copa hasta en un noventa por ciento los cargos de la Administración autonómica, mientras que la segunda tiene que cargar, en una proporción similar, con los trabajos menos cualificados y peor remunerados, siempre alejados de las instancias públicas, de la enseñanza y de los resortes de poder. La burocracia es indefectiblemente burguesa, catalana y catalanista; el peonaje, español o, en su lenguaje, castellano, pues, como se sabe, España y español son palabras estigmatizadas y prácticamente prohibidas. En definitiva, aquí la política la hacen ellos para ellos. Con el apoyo, claro está, de los charnegos amontillados. Si intentas denunciar este estado de cosas eres un enemigo de Cataluña y un fascista. Y, como tal, serás condenado inmediatamente a muerte civil. Ése es mi caso.

A modo de ejemplo. En una librería-papelería pido un mapa de España en español. El dependiente: «Eso ya no se hace». Yo: «¿Y por qué vosotros mentís siempre?» El dependiente calla... Yo: «¡Arriba España!» Un mirón con cara de subalterno y confidente: «¿Ves como es un fascista?»

La perfidia contra el número

La catalanización de la vida pública española —lo que se hace y como se hace— constituye una nueva demostración de que la perfidia, en cuanto forma superior o excelencia de la razón práctica, se impone siempre al número. Y de que, cuando eso ocurre, la democracia pasa a ser una vergonzosa y ridícula pantomima. ¿Acaso no tenemos aquí una minoría frente a una mayoría?

David, David

Margarita abrió la puerta, y ante nuestros ojos apareció una gitanita con un bebé en brazos y un niño pequeño asido a su cuerpo. La gitanita pidió asilio. Nos contó que el niño tenía cuatro años, que se llamaba David, que lo había tenido con un moro, del que se había separado porque la pegaba, y que ahora vivía con un payo. Pero el payo la había echado de casa. El bebé, de pocos meses, lo había tenido con él. El payo quería al bebé, porque decía que era suyo; pero no quería a David, porque decía que no era suyo. Una tragedia hecha de un cúmulo de tragedias. ¿Qué podíamos hacer? El que ha vivido una guerra y una posguerra como niño huérfano sabe lo que es desamparo y lo revive cada vez que un ser desvalido llama a su puerta.

Les dimos de comer, se lavaron y se quedaron a dormir. A la mañana siguiente, nuestra hija Ana acompañó a David hasta el colegio. La gitanita —Chelo— cuidó del bebé. Por la tarde, Ana los llevó en coche a la estación. Después nos contó que, desde que bajó del coche hasta que llegó a la estación, David estuvo mirando hacia atrás. Y así sigue en mi memoria y en conciencia: mirando atrás en busca de un padre...

El genio y el éxito

Picasso es un caso excepcional por muchos conceptos. Genio de la pintura y el dibujo, pero, por encima de todo, trabajador incansable, tanto con el lápiz como con el pincel y la brocha. Analfabeto en dos lenguas y una semilengua, era, según el decir de alguien que le conoció tanto como Gertrude Stein, un vivillo. Representante del genio español y español de la gorra, como Baroja, Buñuel, Gustavo Bueno y, a pesar del hecho diferencial, José Pla el murri, Picasso, en vez de crear ex nihilo, como se dice que corresponde al genio, se servía casi siempre de cosas ya existentes y externas a modo de estímulos y puntos de partida. En ese sentido, su modus operandi es más propio de un hombre con talento que de un genio. Aun así, su aportación, en cuanto enriquecimiento del arte —técnicas, recursos y obra acabada—, es infinitamente superior, cuantitativa y cualitativamente, a la de la inmensa mayoría de los genios consagrados como tales a lo largo de la historia.

Es sabido que Picasso conoció el éxito y que, con el paso de los años, su arte se adocenó.

Por lo que Pájaro bobo sabe, el pintor malagueño no puso en práctica la fórmula que alguien le atribuyó: «Me gustaría tener tanto dinero como para poder vivir igual que un pobre».

La desgracia del puerco espín

En La Vanguardia (ayer española, hoy antiespañola, mañana lo que convenga), Clément Rosset decía el pasado día 30 que, cuando tiene frío, el puerco espín busca la compañía de sus congéneres para formar una manada y proporcionarse mutuamente calor, pero las púas les impiden acercarse unos a otros. Diferencias al margen, algo parecido les ocurre a muchos seres humanos. Y a muchos de sus colectivos. El citado Rosset sugiere como solución que los individuos, sean puercos o personas, mantengan la separación adecuada entre ellos y que sus espinos se sometan al instinto de supervivencia. La proximidad da calor y el calor da vida.

Pasmo

Pájaro bobo conoce a un negrito en un bar. El negrito, profesor de inglés en una academia local, comenta a bote pronto: «I came to Europe and I saw that I was a negro» (vine a Europa y vi que era negro). Pasmo en la cara del hablante y en la cara del oyente. En su momento, éste también fue negro en Europa. O casi. Años memorables de sufrimiento y aprendizaje. El bienestar de unos está construido sobre la opresión y explotación de otros.

Nota 1: En boca de Pájaro bobo «negrito» siempre ha sido una palabra cariñosa.

Nota 2: En su opinión, la opresión y la explotación sólo carecen de razón de ser cuando oprimidos y explotados no aprenden. De ellos depende que su situación sea un medio o un fin. Hegel escribió:«Dios se sirve de las pasiones de los seres humanos para sus fines».

Prensa alemana: ¿libertad para los criminales?

Der Spiegel, referente obligado de la cultura política de Alemania, dice en su portada del 29-01-2007: «Piedad para los que no tuvieron piedad». «¿Está autorizado el Estado a poner en libertad a los integrantes de la banda Baader-Meinhof que siguen en prisión?» Transcurridos aproximadamente treinta años desde que las autoridades de este país pusieron fin a las actividades criminales de dicha banda (RAF = Fracción del Ejército Rojo), se realiza una encuesta para preguntar a los ciudadanos si el presidente de la República debe o no debe aplicar una medida de gracia a Christian Klar, que lleva veinticuatro años en la cárcel y aún no ha mostrado públicamente arrepentimiento. Sí: 20%; no: 71%.

Pájaro bobo está a favor de la libertad de todas las personas, incluidos los criminales, pero ¿cómo se protege la vida de los no criminales? En su opinión, eso es prioritario.

Fórmula Zapatero: ahora resulta que no resulta

Zapatero, aprendiz de boticario y experimentado trapisondista, se inventó una burda añagaza para burlar a españoles y no españoles. Acto seguido, se lanzó al ruedo de las negociaciones con su fórmula, ni mágica ni secreta. Pájaro bobo dice que negociar con criminales y cómplices de criminales es delito, máxime cuando muchos de ellos tienen causas pendientes. Según él, el Poder Judicial debió impedírselo y exigirle responsabilidades. Aún está a tiempo. Las negociaciones, empezando por el nombre, constituyen una transgresión manifiesta de la Constitución y el orden constitucional. Para una «negociación» de esa índole, el jefe de Gobierno necesitaba previamente no sólo el apoyo explícito del Parlamento sino también y sobre todo el beneplácito del Poder Judicial y el Poder Judicial sólo podía concederle ese beneplácito una vez depuradas todas las responsabilidades existentes y exigibles en ese momento. Pájaro bobo dice que, sin ese beneplácito por escrito, Zapatero está en permanente pecado mortal y, por lo tanto, también lo está nuestra Judicatura. Y, por lo tanto, también lo están todos nuestros políticos y lo estamos todos los ciudadanos españoles. ¿Dónde queda la ley cuando se habla de negociación y se negocia con criminales? En estos momentos, todos los españoles estamos a la altura de los que matan para demostrar que ni son españoles ni quieren serlo. Se ha olvidado que, en un Estado de Derecho, la ley es marco único y obligado o necesario de todos los litigios de sus ciudadanos. El jefe de Gobierno, en cuanto responsable del Ejecutivo, debe cumplir la ley y hacer que se cumpla, no negociar con quienes la transgreden gravísimamente de manera sistemática y persistente.

Por suerte, la mayoría de los indicios apunta a que el tal Zapatero y su subalterno y mentor van a tener que quedarse con su fórmula, química incluida, pues ahora resulta que no resulta. Después habrá que pensar qué se hace con ese Zapatero aprendiz de boticario y trapisondista. Ahora ya sabemos que, por extraño que sea y parezca, su afición a la componenda y el trapicheo va de la mano de una obstinación en grado de ignorancia invencible. Y si es cierto que la ignorancia invencible ni se cura ni se perdona, en política hay un remedio para ella: la destitución y el procesamiento.

Nota: Un crimen es un crimen aunque se le llame acto de violencia (fraude semántico-jurídico).

A propósito de un despropósito

Pájaro bobo intenta recordar que Horacio escribió más o menos: «Obra tan mal quien mata a alguien que quiere vivir como quien salva la vida a alguien que quiere morir». ¿Y si quien dice que quiere morir no lo quiere realmente y lo que hace es sólo una arriesgada y peligrosa añagaza? Ya sabemos que hay personas a las que, además de matar, les gusta jugar con pólvora. En cualquier caso, Pájaro bobo no desea la muerte ni siquiera a aquel que dice que quiere morir y lo quiere realmente.

Aré lo que pude

Margarita y Pájaro bobo tienen dos hijos, Ana y Miguel. Los dos han salido buenos estudiantes. Ana está cursando su segunda carrera. Vive y estudia en los Madriles. Con provecho. Ha aprendido a poner orden en sus ideas, en sus otras cosas y, en definitiva, en su vida. Ana piensa con orden y vive con orden. Miguel ha terminado con éxito Telecomunicaciones. Es capaz de pensar sin palabras. Resulta difícil seguirle, pues tiende al hermetismo [como él es del campo de la informática, tal vez habría que decir encriptación]. A veces, sus comentarios nos producen vértigo, y el vértigo nos produce angustia. Pero es un buen niño. En alemán, los hijos son siempre niños —Kinder— para sus padres. Ahora se va a Berlín para hacer el proyecto de fin de carrera. Pájaro bobo acostumbra a decir con referencia a sus hijos: «Aré lo que pude, porque hice lo que debía».

Nota. Ni arar es hacer ni aré es haré.

Dèries, obsesiones, Zwangsvorstellungen

Pájaro bobo posee varias dèries [obsesiones, Zwangsvorstellungen] o, más exactamente, es poseído por ellas. Una es la dèria del orden, orden racional e integral, orden cósmico. Como él vive, no convive, a la vora del mar de la Sargantana, más cerca que lejos del malecón de la Barceloneta, le ha resultado relativamente fácil procurarse o labrarse un entorno que, por ordenado, sea una prolongación de su cabeza.

Sí, claro, el orden racional es una mutilación (¿irracional?) del caos, que es lo primigenio, lo natural. Paciencia. Pájaro bobo trata de entenderlo y aceptarlo, como trata de entender y entiende que todo ser humano poseído por una idea es un loco a los ojos de los demás. En cualquier caso, su orden es transparente y por transparente una forma de sinceridad. Sinceridad y otras muchas cosas.

Aviso y aclaración

Pájaro bobo avisa y aclara que su blog es un registro de alumbramientos y al mismo tiempo procura tener en cuenta que todo alumbramiento es un proceso. El filósofo predica y enseña que el fin-finalidad de todos los procesos que han sido, son y serán es el alumbramiento del Espíritu Absoluto. Absolutamente de acuerdo. Pájaro bobo hace su parte: procesa y alumbra, alumbra y procesa.