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La industria de Pájaro bobo

De las elecciones al Pacto de Estado

La gran lección de la sociedad civil

Posiblemente la lectura más acertada de las pasadas elecciones es la que ve en ellas un triunfo rotundo de la sociedad civil: fuerzas integradoras frente a fuerzas desintegradoras. Triunfo tanto más significantivo cuanto que se ha producido no sólo en el conjunto de España sino también y sobre todo en Vascongadas y Cataluña, predios históricos del separatismo. En el norte, los trabucaires de ETA y sus valedores han sucumbido en las urnas a manos de los que han decidido seguir siendo españoles, incluso dejándose matar sin matar, mientras que en Cataluña los andaluces del PSC, jaleados a la usanza torera por Felipe González, se han impuesto clamorosamente a los burgueses de CIU y los republicanos del carallot (botarate) Carod. Se diría que ha pasado la hora de los intrigantes/conjurados y los trabucaires/matones y ha llegado el momento de que hablen los otros catalanes y los otros vascos: charnegos y maketos.
Por todo ello, Pájaro bobo quiere creer que la sociedad civil en su conjunto ha dicho de manera rotunda a los políticos tanto lo que piensa y lo que quiere —esto es España y nosotros somos españoles— como lo que no piensa y no quiere —no nos interesan las Autonomías y no queremos ni separarnos ni que nos separen—. En opinión de Pájaro bobo, ahora los dirigentes de los dos grandes partidos nacionales harían bien en captar ese mensaje y actuar en consonancia con la voluntad popular mediante la firma de un pacto de Estado, un pacto de Estado que, para ser merecedor de ese título y constituir a la vez una medida eficaz y duradera, debería tomar como referente único y suficiente la Constitución, no la línea de actuación de un gobernante o un líder político concreto. En estas circunstancias, lo deseable y exigible es que los dos grandes partidos nacionales se remitan por igual y al unísono a la Constitución como punto de convergencia y línea directriz, independientemente de la ideología de la formación que ocupe el poder, pues los dos partidos deben lealtad a la Constitución y al pueblo español como titular de la soberanía nacional. Eso es lo que el PSOE y el PP han dar y han de exigirse mutuamente. En la Constitución está escrito lo que deben hacer y cómo deben hacerlo.
Pregunta ingenua e intempestiva: si la Constitución de 1978 consagra al pueblo español como titular de la soberanía nacional, ¿puede utilizarse luego esa Constitución para separar a los españoles y destruir España como nación?

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