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La industria de Pájaro bobo

La caja de Francisco Caja

No parece lógico que las personas que defienden algo tan esencial como la lengua jueguen al escondite entre ellas

En principio parece que todos los que defendemos el español o, en sentido más amplio, lo español en tierras catalanas deberíamos estar unidos en ese objetivo supremo y, en aras de él, en el método o los métodos de hacerlo. Estrategia y táctica, táctica y estrategia. De acuerdo con lo que puede leerse estos días en los periódicos, Francisco Caja defiende el idioma español en nuestra Comunidad Autónoma, pero acepta de facto el status quo existente como hecho consumado y, por lo tanto, inamovible. Trampa, trampa. Tan grande es la trampa que el catedrático ruega e implora a la Administración catalana que adopte una actitud comprensiva y benevolente ante la situación de más de cuatro millones de españoles que, despojados de varios de sus derechos constitucionales, no reciben formación escolar en español, que es, además de su lengua materna, el idioma oficial de España. Para Pájaro bobo es evidente que aquí hay que exigir taxativamente a la Administración Autonómica, parte integrante de la Administración del Estado, el cumplimiento de la Constitución y el respeto de los derechos democráticos de los ciudadanos de lengua española de Cataluña.
Dos preguntas ingenuas e intempestivas:
¿Qué sentido tiene pedir una actitud benevolente a la instancia que infringe reiterada, dolosa y gravemente la ley?
¿Qué guarda/esconde Francisco Caja en el doble fondo de su caja?

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