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La industria de Pájaro bobo

Valores universales, valores absolutos

A Jon Juaristi
Le/lo lee alelado como un lelo. Con admiración y complicidad. Para Pájaro bobo es uno de esos intelectuales, tan raros en España, que se mueven con dignidad entre la literatura, en cuanto letra y forma o accidente, y el pensamiento, en cuanto racionalidad y realidad (sólo lo racional es real).
Por esa y otras razones, Pájaro bobo se permite recordar ahora que los valores universales no son absolutamente universales y los valores absolutos no son universalmente absolutos. Al menos, en el ámbito humano; al menos, a su modo de ver y entender. De hecho, cada ser humano tiene o puede tener sus valores absolutos, mientras que los valores universales poseen un valor propio y diferente para cada ser humano. Aquí, lo universal no es absoluto y lo absoluto no es universal.
Los valores se inscriben por definición/convención en una estructura jerárquica de representación vertical, pero, curiosamente, podemos hacer bascular esa estructura jerárquica de representación vertical hasta acomodarla a un plano horizontal, de modo que lo jerárquico y jerarquizado se nos muestre como fenoménico y lo ético o moral aparezca como social y todo ello en conjunto como humano o antropológico. En ese supuesto, las manifestaciones de la cultura, por ejemplo, dejarán de aparecer a nuestros ojos y a nuestras mentes como creaciones superiores y/o sublimes del espíritu humano y quedarán estricta y exclusivamente como obras realizadas por integrantes/representantes de una sociedad o una civilización. Además, la medida nos permitirá incluir en el ámbito de la cultura manifestaciones que no responden en modo alguno a los criterios convencionales/tradicionales basados en la excelencia. En el caso de España, procesiones, corridas de toros, ciertas delebraciones populares, etcétera.
Dos preguntas ingenuas e intempestivas
¿No es cierto que, una vez emitido-recibido un mensaje abierto, lo que sale de cada cabeza es siempre y necesariamente diferente de lo que entró en todas ellas?
¿No es cierto que, una vez emitido-recibido un mensaje (abierto o cerrado), lo que sale de la cabeza es siempre y necesariamente diferente de lo que entró en ella?
(Ahí está la televisión con sus imágenes y, sobre todo, con sus mensajes para verlo, entenderlo y comprobarlo.)

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