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La industria de Pájaro bobo

Valentí Puig y Enric Juliana, dos furtivos en los Madriles

Distribuir y mover sabiamente las piezas mayores y menores sobre el tablero hasta copar los resortes de poder es una medida imprescindible para que tenga éxito el asalto final, ese que un tal Enric Juliana ha situado en el plazo de diez años. Mientras tanto, los furtivos, a lo suyo: espiar, sabotear e informar sin levantar sospechas.

Pajaro bobo se imagina a Valentí Puig con un bourbon pegado a la nariz y la nariz inclinada sobre la barra de una cafetería de la Gran Vía o de un hotel de muchas estrellas. Estamos en los Madriles, donde el tal Valentí desarrolla su labor de espionaje. Oficialmente, lo suyo es escribir, pero eso es un mero subterfugio, un subterfugio con el que curiosamente no sólo oculta su labor de zapador sino incluso hace méritos. El subsodicho pasa por ser un documentado y agudo politólogo cuando en realidad lo que hace es, una veces, amontonar palabras para ocultar lo que piensa o maquina y, otras, disparar a diestra y siniestra contra todo lo español, un poco al estilo de la Rosa Regàs. Lo que Valentí Puig no hace, y a buen seguro no hará de momento, es escribir sobre el oasis catalán, la Generalidad, el Parlament y las embajadas del carallot Carod en las capitales europeas. Oficio y perfidia le llevan a esquivar y eludir los temas catalanes de candente actualidad, pues escrito está: «Agua que no has de beber...». Ya llegarán el día y la hora. Según mensajes captados al vuelo por Pájaro bobo, este isleño afincado en la capital de España fue designado hace tiempo por el Sanedrín catalán para ocupar el cargo de director de ABC, el diario de todos los españoles y órgano oficioso de las instituciones del Estado. ¿Cuándo?
Enric Juliana, también residente en la capital del país vecino, es colega del politólogo; menos denso, es cierto, pero con aficiones afines o, mejor dicho, convergentes. Tiene sentido del humor, cierta chispa, pero sobre todo veneno, un veneno que se mezcla con su baba y le sale por la boca. A diferencia del politólogo, el cronista Juliana o no se controla o ha decidido ir vertiendo el veneno en pequeñas diócesis y así cumplir las órdenes recibidas, pues es evidente que este agente de Pujol ben Gurión, bautizado por Pájaro bobo como Topo del parque de buen Retiro y después como Cucaracha kafkeana, está ahí no sólo para espiar, distraer e informar, que ya espía, distrae e informa, sino también para hacer méritos. Al pobre le han dicho que un día será director de La Vanguardia de Barcelona, y él se lo ha creído. Por eso cuando se cruza con el tal Valentí Puig en la calle o en un pasillo, si consideran que no deben saludarse, se guiñan un ojo. Siempre el derecho.
Pregunta ingenua e intempestiva: ¿Llegará un día en el que los directores de los principales diarios de España serán puestos e impuestos por el Sanedrín catalán?

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