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La industria de Pájaro bobo

Rosa Díez: una mujer sola ante el peligro


En su debut como parlamentaria al frente del partido UPyD, Rosa se mostró como lo que es, mientras que Zapatero se mostró, una vez más, como lo que no es

Pájaro bobo no presenció la escena ni siquiera en su condición de televidente hogareño. Así, al menos, se ahorró un soponcio de los gordos. De esos que le regalan los políticos un día sí y otro también desde que España cayó en sus manos. Y eso que está a punto de ver y vivir cómo se cumple una de sus grandes profecías: el Pacto de Estado. Quince años, o algo así, ha tenido que esperar para comprobar que el pacto es posible. Aunque sabe muy bien que, con Zapatero de por medio, un pacto es una promesa y una promesa es para él algo que no existe ni siquiera como eso, como promesa.
Según fuentes más o menos fidedignas, parece ser que, en su disertación parlamentaria, la vasca denunció, una vez más, la situación del español, de todo lo español, en Cataluña, y parece ser que el tal Zapatero le contestó, cómo no, que Cataluña es hoy un modelo de pacífico y fructífero equilibrio lingüístico, no a pesar sino gracias a la inmersión lingüística. Oasis lingüístico y, por lo tanto, oasis sociolingüístico. En opinión de Pájaro bobo, lo más indignante del caso no es que ahí el tal Zapatero mintiera como tiene por costumbre, sino que sus señorías enmudecieran a coro y al unísono. De acuerdo con lo que ha leído, permanecieron en silencio como tumbas, como sepulcros, como señorías. ¿Cortesía parlamentaria?
Pregunta ingenua e intempestiva: ¿es posible que un personaje abyecto como Rodríguez Zapatero mienta ante los representantes democráticos de cuarenta y cinco millones de españoles y sólo a una mujer se le conmueva el alma?
Miserables, miserables.
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